domingo, 29 de mayo de 2016

Fragmentos - Mientras escribo


Dudo que haya novelistas con muchas inquietudes temáticas, aunque hayan escrito más de cuarenta libros. Yo tengo muchos intereses en la vida, pero pocos lo bastante profundos para alimentar una novela. Entre esos intereses (que no me atrevo a llamar obsesiones) se halla la dificultad (¡o imposibilidad!) de cerrar la tecnocaja de Pandora después de abierta (Apocalipsis, Tommyknockers, Ojos de fuego), la cuestión de por qué, si hay Dios, ocurren cosas tan horribles (Apocalipsis, Desesperación, La milla verde), la fina divisoria entre realidad y fantasía (La mitad oscura, Un saco de huesos, La invocación) y sobre todo el atractivo irresistible que puede tener la violencia para gente básicamente bondadosa (El resplandor, La mitad oscura).

También he escrito hasta la saciedad sobre las diferencias fundamentales entre niños y adultos, y sobre el poder curativo de la imaginación humana. Y lo repito: no es para tanto. Se trata simplemente de una serie de intereses surgidos de mi trayectoria vital y de mis reflexiones, de mis experiencias infantiles y adultas , de mi desempeño como marido, padre, escritor y amante. Son temas de reflexión para cuando me acuesto y apago la luz, cuando me quedo a solas conmigo mismo y miro la oscuridad con una mano debajo de la almohada.

Tú seguro que tienes tus propios pensamientos, tus propios intereses e inquietudes, y seguro que han surgido de tus experiencias y aventuras de ser humano, como los míos. Es probable que algunos se parezcan a los que acabo de enumerar, y que otros sean muy diferentes, pero la cuestión es que los tienes, y que deberías usarlos en lo que escribes. Quizás existan para algo más, pero no cabe duda de que es una de las utilidades que poseen.

Debería poner punto final a este sermoncito con una advertencia: empezar por las cuestiones e inquetudes temáticas es una de las recetas de la mala narrativa (...)

Mientras escribo - Stephen King

1 comentario:

Antony G. Martínez dijo...

Cierto es que Stephen King se empapaba de los conocimientos de los demás. Es decir, tomaba como referencia a otras obras y otros autores constantemente. Y de ahí salía sus escritos tan buenos: son una mezcla de grandes figuras literarias.

Nadie debería encerrarse en buscar la originalidad máxima y no inspirarse en los demás. Por eso Stephen fue tan bueno, porque desde luego él mezclaba. ;)

¡SALUDOS!
www.undiariopersonalmas.blogspot.com