lunes, 21 de julio de 2014

Fragmentos V - Cien años de soledad


No lograba incorporarse a la familia. Dormía todo el día y pasaba la noche en el barrio de tolerancia haciendo suertes de fuerza. En las ocasiones en que Úrsula logró sentarlo a la mesa, dio muestras de una simpatía radiante, sobre todo cuando contaba sus aventuras en países remotos (...)
Amaranta estuvo a punto de sembrar el pánico, porque una de las monjas entró a la cocina cuando ella estaba salando la sopa, y lo único que se le ocurrió fue preguntar qué eran aquellos puñados de polvo blanco.
-Arsénico - dijo Amaranta.
 La primera vez que se los puso (los atuendos) no pudo evitar que se le formara un nudo en el corazón y que los ojos se le llenaran de lágrimas, porque en aquel instante volvió a percibir el olor de betun de las botas del militar que fue a buscarla a su casa para hacerla reina, y el alma se le cristalizó con la nostalgia de los sueños perdidos (...)
(...) porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra (...)

Cien años de Soledad - Gabriel García Márquez 

No hay comentarios: